Eneida
Eneida Así dice entre lágrimas y da a la flota rienda suelta
hasta que se deslizan por las playas eubeas de Cumas[146].
Quedan vueltas las proas cara al mar y las anclas fondean
cada nave con su diente tenaz. Las corvas popas orlan la ribera.
5 Enardecido bulle el tropel de mozos por la orilla de Hesperia.
Buscan unos el germen de la llama oculta allá en las venas del pedernal;
se adentran otros raudos por entre la maraña de los bosques, guarida de las fieras,
y dan cuenta a los suyos de las corrientes de agua que descubren.
En tanto el buen Eneas se encamina a la cumbre en donde Apolo asienta
10 su alto trono[147] y a la ingente caverna en donde mora aislada la hórrida Sibila,
aquella a la que inspira el dios profético de Delos
su poderoso pensamiento y su espíritu y le esclarece el porvenir.
Ya ascienden por el bosque de Trivia al áureo templo.