Eneida
Eneida Dédalo, según cuentan, huyendo de los reinos del rey Minos
15 osó lanzarse al aire con el vuelo de sus alas y atravesando el mar
en dirección a las heladas Osas por vía nunca usada, vino al cabo
a posarse volandero en la cumbre de Cumas. Al tomar allí tierra
lo primero fue consagrar los remos de sus alas a ti, Febo,
y alzarte un espacioso templo. En sus puertas dio en cincelar la muerte
20 de Andrógeo[148], debajo a los Cecrópidas, forzados a entregar todos los años
en castigo, ¡ay!, a siete de sus hijos. Allí aparece la urna presta para el sorteo.
Y en el panel frontero alzándose del mar la tierra gnósica.
Allí el cruel amor del toro y la furtiva unión de Pasífae[149]
y en medio el testimonio de su pasión nefanda, su engendro híbrido,
25 el Minotauro, el hijo de dos formas. Allí aquel laborioso Laberinto
y su recorrido inextricable. Compadecido Dédalo
del hondo amor de la princesa, él mismo remedió