Eneida
Eneida y al Tíber espumante de raudales de sangre. No te van a faltar
ni un Simunte ni un Janto ni el campamento dorio. Ya ha surgido otro Aquiles
en el Lacio, nacido también éste de una diosa[154]. Ni tampoco estará ausente Juno,
90 a cada paso entregada a perder a los teucros. Y en tu angustia entre tanto
¿a qué pueblos de Italia, a qué ciudades no pedirás ayuda suplicante[155]?.
Volverá a ser la causa de todas las desgracias de los teucros
una esposa extranjera[156], ¡una vez más el tálamo de una mujer extraña!
95 Pero no cedas; planta cara a los riesgos; avanza con más ímpetu
por donde te permite la fortuna. El primer camino de salvarte
se te va a abrir allí donde menos lo piensas, en una ciudad griega».
Tales son las palabras con que le vaticina de lo hondo del recinto
la Sibila cumea sus horrendos arcanos. Y rebrama su voz en la caverna
100 entrevelando en sombras la verdad.
Así Apolo le tira de la rienda a su arrebato