Eneida
Eneida y salir a las auras de la vida, eso es lo trabajoso, ahà está el riesgo.
Unos pocos, de origen divino, a quienes Júpiter
benévolo hizo objeto de su amor,
130 o que encumbró a los cielos su férvido heroÃsmo, lo lograron.
A lo largo del camino intermedio se extienden unos bosques y fluye en derredor
con sus negros repliegues el Cocito. Pero si es tan ardiente, tan grande tu deseo
de atravesar dos veces la laguna Estigia y otras dos el tenebroso Tártaro
135 y te agrada arrostrar tan insensato empeño,
escucha lo que antes has de hacer.
Entre la espesa fronda de un árbol hay oculto un ramo con sus hojas
y su flexible tallo de oro, consagrado a la Juno de lo hondo de la tierra[158].
Lo protege todo el bosque, lo circunda la umbrÃa del valle tenebroso.
140 A nadie se permite bajar a las profundas regiones de las sombras
si no logra arrancar antes del árbol el ramo de flotantes hojas de oro.
Es un don que ha dispuesto se le ofrezca la hermosa Prosérpina.