Eneida
Eneida A su lado camina el fiel Acates. Va posando sus plantas bajo el peso
de los mismos cuidados. Hablan de muchas cosas; se intercambian
160 múltiples conjeturas: ¿cuál de sus compañeros será el muerto
a que alude la Sibila? ¿A qué cadáver deben dar tierra? Cuando llegan,
ven en la seca arena de la orilla a Miseno sin vida,
víctima de una muerte inmerecida,
a Miseno, el hijo de Eolo, que aventajaba a todos en lanzar al combate
165 a los guerreros a toque de clarín
y encenderlos con sus sones en ímpetu marcial.
Camarada otro tiempo del gran Héctor, entraba al lado de Héctor en batalla
destacado entre todos por el clarín y el brío de su lanza.
Pero después que Aquiles vencedor le despojó a su jefe de la vida,
170 aquel héroe, de esfuerzo sin igual, se unió al dárdano Eneas.
No se avenía a jefe de menos rango. Pero llega aquel día y mientras hace
resonar el mar con su cóncava concha y desafia,
insensato, a los dioses con su canto,