Eneida
Eneida Otros bajo los cuellos de las víctimas aplican los cuchillos
y recogen la tibia sangre en tazas. El mismo Eneas degüella con su espada
una cordera de negro vellocino en honor de la madre[160] de las Furias
250 y de su excelsa hermana, y una vaca estéril en tu honor, Prosérpina.
Inaugura el altar de los nocturnos ritos en honra del monarca de la Estigia.
Pone sobre las llamas los canales enteros de los toros
y sobre las entrañas, que van ardiendo, vierte pingüe aceite.
255 De repente, al filo del primer albor del sol, comienza a rebramar
bajo sus pies la tierra y a remecer la cumbre de los montes
su arboleda cimera. Y les parece avistar a las perras
ululando a través de las sombras
a medida que se acerca la diosa[161].
«Lejos, lejos de aquí —prorrumpe la adivina—,
260 salid de los linderos de este bosque. Y tú emprende la marcha