Eneida
Eneida trasladar cuerpos vivos a bordo de mi barca estigia ni me cabe
alegrarme de haber dado acogida en estas aguas a Hércules
cuando vino aquà y tampoco a Teseo ni al mismo PirÃtoo,
por más que los dos eran de linaje divino
395 e invencible pujanza. El uno encadenó con su mano al guardián del Tártaro,
tras de arrancarlo de él, se lo llevó a rastras tembloroso.
Los otros intentaron llevarse a nuestra reina del tálamo de Plutón».
La inspirada del dios de Anfriso[169] le contesta brevemente:
«No maquinamos asechanza alguna, no te alarmes.
400 No traen guerra estas armas. Puede el guardián monstruoso de esa puerta
seguir amedrentando toda la eternidad desde su antro
a las sombras exangües con su aullido.
Bien puede Prosérpina seguir guardando fiel
el umbral de su tÃo. El troyano Eneas,
afamado por su piedad y su valor guerrero,
405 baja al hondo del Érebo sombrÃo en busca de su padre. Si no te mueve el alma