Eneida
Eneida 420 una torta amasada con miel y adormideras. Él con hambre voraz
abriendo sus tres fauces la arrebata, estira su monstruoso lomo
y se tiende en tierra y llena corpulento todo el antro.
Sumido en sueño su guardián, gana Eneas la entrada
y se aleja veloz de la orilla y las ondas de las que nadie vuelve.
425 Al punto se oyen voces y vagidos sin fin, las almas de los niños[170] llorando,
a los que antes de gustar la dulzura de la vida,
en la linde de su umbral arrancó un día aciago,
segados de los pechos de sus madres,
y hundió en acerba muerte. Cerca de ellos
430 están los condenados a morir por falsa acusación.
Los puestos no se asignan sin sorteo ni juez.
Agita la urna Minos[171], que preside.
Él convoca la junta de las calladas sombras,
da oídos al relato de sus vidas y discierne sus delitos.
Cerca de allí, sumidos en tristeza,
los que libres de culpa se dieron muerte por su mano