Eneida
Eneida las auras de la vida aborrecido de los seres celestes,
pues has llegado a esta ciudad de tirios.
Sigue adelante. Llégate desde aquí hasta el palacio de la reina.
390 Están tus compañeros a salvo, te lo anuncio, y tus naves recobradas;
vientos del norte, que han cambiado de rumbo, las han puesto a seguro,
si no me han hecho falsa agorera mis padres burlándose de mí.
Mira esos doce cisnes que alean en gozosa formación; antes los dispersaba
por el ancho haz del cielo el águila de Júpiter rampando de la altura;
395 unos en larga fila parecen tomar tierra en este instante, otros avistan
desde lo alto el lugar en que aquellos se han posado.
Y cómo ahora retozan ya de vuelta restallando sus alas
y trazan en escuadra círculos por el cielo dando al aire su canto.
Así también tus naves y sus hombres, o han ganado ya el puerto,
400 o están entrando en él a velas desplegadas. Prosigue ya tu marcha