Eneida
Eneida y dirige tus pasos donde lleva esta senda». Dice y cuando se vuelve
resplandece su cuello de rosa, y emana una fragancia de cielo su divina cabellera.
Se le desprende hasta los pies su túnica y destaca al andar su aire de diosa.
405 Él reconoce a su madre y siguiéndola le dice mientras huye:
«¿A qué engañas a tu hijo tú también, despiadada, con vanas apariencias?
¿Por qué no puedo unir mis manos a las tuyas,
ni escucharte, ni hablarte sin ficciones a mi vez?»
410 Le va así reprochando, y dirige su paso a la ciudad.
Pero Venus según van caminando los envuelve
en un halo de aire oscuro y su poder divino extiende
en torno de ellos el denso manto de una nube para que nadie logre verlos,
ni puedan llegarse a ellos, ni detener su marcha, ni inquirir el porqué de su venida.
415 La diosa se dirige por los aires hacia Pafo y regresa gozosa a su morada
donde tiene su templo, donde exhalan incienso sabeo