Eneida
Eneida de una causa malvada, traicionando la fe jurada a sus señores:
615 todos estos esperan encerrados su castigo. No inquieras cuál
ni qué traza de crimen ni qué hado llegó a hundirlos allí.
Unos hacen rodar un enorme peñasco, otros penden tendidos
y atados a los radios de una rueda. Sentado está Teseo[182] y ha de seguir sentado
sin esperanza alguna eternamente. Y Flegias en su inmensa desdicha
advierte a todos atestiguando a voces en las sombras: «Escarmentad en mí
620 y aprended a ser justos y a no mofaros de los dioses». Éste vendió por oro
a su patria y le impuso el yugo de un tirano; ese otro, sobornado,
hizo y deshizo leyes a su antojo; aquél forzó el tálamo de su hija
en nefando himeneo. Todos ellos emprendieron algún monstruoso empeño
625 y acabaron realizándolo. Si tuviera cien lenguas y cien bocas y una voz
de hierro no podría abarcar todas las trazas de sus crímenes, ni enumerar