Eneida
Eneida los nombres de todos sus tormentos». Así dijo la anciana
preste de Apolo: «¡Ea, adelante! —añade—. Sigue ya tu camino
y cumple la tarea encomendada. ¡Aprisa! Ya diviso los muros
630 forjados en la fragua de los Cíclopes y frontera la puerta abovedada
en que nos han mandado depositar la ofrenda». Habló así y avanzando
al mismo paso por las sombrías sendas se apresuran a salvar
el espacio intermedio y se acercan a las puertas.
635 Gana Eneas la entrada, purifica su cuerpo en agua viva
y prende el ramo en el dintel frontero. Hecho este menester,
cumplido su deber con Prosérpina, llegan a la región del gozo,
a las praderas verdecidas de sotos venturosos,
donde tiene la dicha su morada[183].
640 Un ancho haz de aire puro viste de luz de púrpura estos campos
que ven lucir su sol y sus estrellas. Los unos se ejercitan