Eneida
Eneida cantando a coro un himno de gozo a honra de Febo
en un bosque fragante de laureles
donde brota el Erídano[185] caudaloso camino de la tierra rodando entre arboledas.
660 Allí el corro de aquellos que sufrieron heridas por la patria,
allí están los que fueron toda su vida sacerdotes castos,
allí los vates fieles a los dioses, cuya canción sonó digna de Apolo,
y los que ennoblecieron la vida con las artes que idearon
y los que haciendo el bien
lograron perdurable recuerdo entre los hombres. Todos llevan
665 ceñidas a sus sienes vendas como la nieve. Cuando todos se apiñan rodeándoles
la Sibila les dice estas palabras —se dirige a Museo[186], estaba en medio
de una turba innumerable que le miraba alzando hacia él los ojos,
él descollaba con sus altos hombros—: «Decidme, almas felices,
670 y tú el mejor de los poetas, dime
¿en qué parte está Anquises? ¿Qué paraje le retiene?