Eneida
Eneida 840 y el templo profanado de Minerva, ¿quién a ti, gran Catón, y a ti, Coso[203],
podrÃa pasaros en silencio? ¿Quién olvidar la estirpe de los Gracos
y a los dos Escipiones, dos rayos de la guerra, que arrasarán la Libia?
¿Y a ti, Fabricio, tan grande en tu pobreza,
y a ti, Serrano, que tus surcos siembras?
845 ¿A dónde forzáis, Fabios, mis pasos ya cansados? Tú eres aquél, el más grande,
el único que sabe con dilaciones restaurar la patria[204].
Otros habrá —lo creo— que con rasgos más mórbidos esculpan
bronces que espiran hálitos de vida y que saquen del mármol rostros vivos,
que sepan defender mejor las causas y acierten a trazar con su varilla
850 los giros en el cielo y anuncien la salida de los astros. Tú, romano,
recuerda tu misión: ir rigiendo los pueblos con tu mando. Estas serán tus artes:
imponer leyes de paz[205], conceder tu favor a los humildes
y abatir combatiendo a los soberbios».
Habló su padre Anquises asà y ante el asombro de sus oyentes añadió: