Eneida
Eneida 855 «¡Mira cómo Marcelo se adelanta, radiante con su espléndido trofeo[206],
y se alza victorioso entre todos los guerreros! Él cabalgando mantendrá el poder
de Roma en un tumulto asolador; arrollará
a los cartagineses y a los rebeldes galos y por tercera vez será él quien cuelgue
las armas conquistadas en el templo del paterno Quirino».
860 Viendo entonces Eneas que iba con él un joven de extremada belleza
y esplendente armadura pero triste la frente,
vuelto el rostro y los ojos hacia el suelo:
«¿Quién es, padre, ese joven[207] que asà acompaña a Marcelo en su camino?
¿Un hijo? ¿O es acaso un descendiente de su larga estirpe?
¿Qué sorda aclamación en torno de él?
865 ¿Qué noble aplomo en su figura?
Pero vuela ciñendo su cabeza la negra noche con su aciaga sombra».
A esto su padre Anquises le responde asà rompiendo en lágrimas:
«No inquieras, hijo mÃo, el duelo inconsolable de los tuyos.
Los hados a ese joven no harán sino mostrárselo a la tierra,