Eneida
Eneida 15 furiosos rugidos de leones que reluchan por romper sus cadenas
y los gruñidos de híspidos verracos y de osos enjaulados
y el ulular[211] de lobos de pavorosa traza.
A todos ellos la crueldad de la divina Circe,
20 con sus yerbas de mágico poder, trocó de aspecto humano
en figuras y cuerpos de alimañas.
Por salvar a los justos troyanos de tamaña desventura
si entraban en su puerto o si abordaban sus funestas playas
Neptuno hincha sus velas con viento favorable
y facilita su huida y los conduce al hilo de bajíos espumantes.
25 Ya empezaban a empurpurar el mar rayos de luz y ya la gualda aurora
relumbraba en la altura del cielo en su rosado carro de dos tiros,
cuando amainan los vientos y cesa de repente hasta el más leve soplo de la brisa.
Los remos traban lucha con la marmórea languidez del agua.
Entonces desde el mar columbra Eneas un inmenso bosque.