Eneida
Eneida la que al cabo debíamos pasar, lo que pondría fin a nuestros duelos.
130 ¡Ea, pues, al primer albor del sol, exploremos qué lugares son éstos,
y qué hombres los habitan, dónde se alza la ciudad!
Partamos desde el puerto en todas direcciones.
Ahora con vuestras copas ofreced libaciones a Júpiter
e invocad a mi padre Anquises con plegarias. Y reponed de vino cada mesa».
135 Habla así y en seguida ciñe sus sienes de frondoso ramo
y dirige sus preces al genio del lugar y a la Tierra,
la primera de todas las deidades,
y a las ninfas y ríos todavía por él desconocidos.
Luego invoca en el orden debido a la Noche
y las estrellas que estaban asomando entre las sombras,
y a Júpiter del Ida y a la Madre de Frigia e invoca a sus dos padres,
140 el uno en el Empíreo, en el Érebo el otro.
Entonces desde lo alto del cielo despejado
tronó por tres veces el Padre omnipotente. Y blandiéndola él mismo