Eneida
Eneida Al punto se apresuran a cumplir lo mandado.
Marchan a paso raudo. Eneas, entre tanto, va cavando una zanja somera
para trazar el cerco de los muros y emprende su obra allí
y asienta su primera morada a la orilla del mar[219] como si fuera un campamento
con almenada valla y terraplén. Ya habían los legados recorrido el camino,
160 ya avistaban las torres y tejados enhiestos de la ciudad latina
y se iban acercando a la muralla. Delante de ella niños y mozos en la flor
de la primera edad se entregan a ejercicios ecuestres y domeñan los carros
entre nubes de polvo o van tendiendo los briosos arcos o hacen girar sus brazos
165 los flexibles venablos o compiten en carreras a pie o en luchas cuerpo a cuerpo,
cuando avanza a caballo un mensajero y lleva a oídos del anciano rey
que han llegado unos hombres talludos, de extraña vestimenta.
Manda el rey los inviten a palacio. Toma asiento en el centro
sobre el trono de sus antepasados. El palacio del laurentino Pico