Eneida
Eneida Ni os faltarán tierras feraces mientras Latino reine
ni vais a echar de menos la abundancia de Troya.
Que Eneas en persona venga ya, si es tan vivo su afán hacia nosotros,
si siente tal presura por unirse a nosotros con el vÃnculo de la hospitalidad
265 y con el nombre de aliado nuestro, que no rehúya unos ojos amigos.
Para mà será prenda de paz el estrechar la mano a vuestro rey.
Llevadle de mi parte este mensaje: tengo una hija a la que no me dejan
que case con varón de nuestra raza los oráculos del santuario paterno
ni incontables prodigios de los cielos; que ha de venir un yerno
270 de tierras extranjeras —tal destino vaticinan al Lacio—,
un yerno cuya sangre alzará nuestro nombre a las estrellas.
Es ese mismo a quien designa el hado, asà lo creo, y si acierta en su augurio
mi intuición, eso es lo que deseo».
Dicho esto, elige unos caballos de sus caballerizas