Eneida
Eneida Va girando sus ojos inyectados en sangre. De repente prorrumpe torva:
400 «Oíd, madres del Lacio, dondequiera que estéis. Si por la pobre Amata
vuestras almas leales aún conservan alguna simpatía, si os preocupa
el derecho de una madre, soltad las cintas de vuestra cabellera
y tomad parte en los ritos de la orgía conmigo».
405 Así Alecto va aguijando a la reina sin cesar con el furor de Baco
a través de los bosques, por entre las desiertas guaridas de alimañas.
Cuando le pareció que había ya aguzado lo bastante
los primeros venablos de su furia y hecho cambiar los planes
y la morada toda de Latino, la triste diosa sin demora
bate sus foscas alas en vuelo hacia los muros del rútulo arrogante,
a la ciudad que es fama fundó Dánae, traída por el Noto impetuoso,
410 con colonos acrisios. Árdea la llamaron antaño los mayores,