Eneida
Eneida amedrentando a la adivina con presagios de guerras entre reyes.
Tu tarea es cuidar de las imágenes y templos de los dioses.
Que los hombres que son los que han de hacer la guerra
445 se encarguen de la guerra y de la paz».
Cuando un súbito temblor se adueña de sus miembros. Quedan rígidos sus ojos.
Tantas sierpes le silban a la Erinis, tan monstruosa apariencia va cobrando.
Entonces revolviendo sus ojos llameantes rechaza al mozo que vacila
y que pugna por continuar hablando. Dos sierpes se le erizan a Alecto
450 entre su cabellera y restalla su látigo y su boca espumante prorrumpe:
«¡Pues bien, aquí estoy yo, vencida por los años,
incapaz de atinar con la verdad,
la anciana a que amedrentan con presagios de guerras entre reyes!
Vuelve la vista aqui. Vengo de donde moran mis horrendas hermanas.
455 Porto guerras y muertes en mi mano».
Así diciendo arroja la antorcha contra Turno