Eneida
Eneida y su sombría lumbre envuelta en humo se la clava en el pecho.
Un monstruoso pavor sobresalta su sueño. El sudor que le brota
a lo largo del cuerpo va calando sus miembros y sus huesos.
460 Armas pide rugiendo enloquecido, busca armas por su lecho y por su cámara.
Rabia de sed de hierro, del malvado frenesí de la guerra y ante todo de cólera.
Como cuando la llama de un ramajo hacinado crepita con fuerte restallido
por los costados de un caldero hirviente
y se enfurece dentro el líquido humeante
465 y rompe en borbollones de espuma hasta los bordes y ya no aguanta más
dentro su hervor y el oscuro vapor va volando a los aires,
así Turno profanando la paz manda a la flor de sus guerreros
que preparen las armas y se dirijan contra el rey Latino, que defiendan Italia
470 y arrojen de su tierra al enemigo, que va a enfrentarse a teucros y latinos.
Y diciendo esto, invoca el favor de los dioses. Los rútulos porfían