Eneida

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En otra escena Troilo, el mozo sin ventura, huyendo, ya sin armas,

475 del combate desigual con Aquiles va arrastrado por sus propios corceles;

se agarra boca arriba a su carro vacío, las riendas en su mano todavía,

el cuello y los caballos rasantes por el suelo, su lanza vuelta a tierra

va escribiendo en el polvo. Entre tanto caminan las troyanas,

480 suelta la cabellera, portando el peplo hacia el templo de Palas,

la diosa no imparcial en la contienda;

van suplicantes, tristes, golpeándose el pecho con las manos.

La diosa, vuelto el rostro, tiene los ojos fijos en el suelo.

Tres veces había ya arrastrado Aquiles a Héctor en torno a la muralla de Ilión,

y vendía por oro en aquel punto su cuerpo ya sin vida.

485 Entonces, sí que Eneas exhala un gran gemido de lo hondo de su pecho

mirando los despojos, el carro, el cuerpo mismo de su amigo,

y a Príamo que tiende sus manos indefensas. Hasta se reconoce combatiendo


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