Eneida
Eneida y pasó desde allí a la helada comarca de la Arcadia. Era yo adolescente;
160 sombreaba mis mejillas en flor el primer bozo.
Contemplaba asombrado a los jefes troyanos.
Me asombraba mirando a su príncipe, hijo de Laomedonte.
Pero entre todos descollaba Anquises.
Se me encendía el corazón de mozo en deseos de hablarle
y de estrechar su mano con la mía.
165 Me acerqué y le conduje enardecido a la ciudad de Feneo.
Él me dio al separarnos una aljaba magnífica con sus saetas licias
y una clámide entretejida en oro y un par de frenos áureos
que pertenecen ahora a mi Palante.
Así que esta es la mano que buscáis.
La estrecho con la vuestra en señal de alianza.
170 Y tan pronto como vuelva mañana a iluminar la tierra el nuevo día,
os dejaré marchaos satisfechos con la escolta
y los recursos con que pienso ayudaros.
En tanto, pues habéis llegado como amigos, celebrad de grado con nosotros