Eneida
Eneida estas fiestas anuales —no podemos diferirlas—
y familiarizaos con vuestros aliados en la mesa desde ahora».
175 Dicho esto, manda Evandro que repongan los manjares y copas
que habían retirado y él mismo va asentando en la grama a sus huéspedes
y a Eneas lo acomoda en un asiento de madera de arce
cubierto con la piel de un velludo león.
Jóvenes escogidos y el sacerdote mismo del altar se afanan en servirles
180 carne asada de toro y colman los cestillos
con los dones de Ceres bien heñidos.
Y les escancian el licor de Baco. Y Eneas y con él la juventud troyana
comparte un lomo entero de buey y las entradas inmoladas.
Satisfecha ya el hambre y aplacado el apetito,
el rey Evandro dice:
185 «Este culto que todos los años celebramos con la ritual comida
y este altar de tan alto valedor no nos lo ha impuesto vana superstición