Eneida
Eneida con su leal Acates, detrás los otros próceres de Troya.
Palante va en el centro de su escuadrón.
Destaca con su clámide y su broquel pintado,
lo mismo que la estrella mañanera que ama Venus
más que a la lumbre de los otros astros
590 cuando alza al cielo su divino rostro, húmedo todavía de las ondas del mar,
y pone en fuga las oscuras sombras.
Las madres temblorosas en pie desde los muros
siguen con la mirada la polvorienta nube y las escuadras de lustroso bronce.
Ya la columna en armas cabalgando
entre jaras corta por todo atajo del camino.
595 Se eleva un griterío y en escuadrón formado los cascos baten el reseco llano
con su cuádruple son. Junto al gélido río que baña Cere
había un bosque inmenso tenido por sagrado
en todo el derredor por la veneración de sus mayores.
Lo cercan curvos cerros que ciñe negro abeto con su fronda.
Es fama que a Silvano, el dios de las campiñas y rebaños,
600 consagraron el bosque y un disanto los antiguos pelasgos[278],