Eneida
Eneida El mismo Júpiter los despoja de la ayuda que solía prestarles.
No tienen que esperar a los dardos ni al fuego de los rútulos.
130 Se les cierra hasta el mar. Ya no les queda ni siquiera esperanza de huida.
Tienen perdida la mitad del mundo, la otra, la tierra, está en nuestro poder.
Tantos millares de hombres ha lanzado a la lucha Italia entera.
No logran aterrarme las fatídicas respuestas de los dioses, las que sean,
de que se pavonean esos frigios. Ya les basta a los hados y a Venus
135 con que los troyanos hayan puesto pie en las campiñas de la feraz Ausonia.
También yo tengo oráculos que oponer a los suyos:
exterminar a hierro la raza criminal
que me roba la esposa. Este dolor no hiere sólo a los hijos de Atreo[304]
ni son los de Micenas los únicos que tienen derecho a alzarse en armas.
140 «Pero ya era bastante con el crimen cometido una vez.
Cierto, hubiera bastado con una sola culpa,