Eneida
Eneida mas no han aborrecido a toda clase de mujer por entero.
Y ahora se envalentonan confiados en ese valladar que nos separa
y en la barrera de los fosos, pobre resguardo de la muerte[305].
¿Es que no vieron arrumbarse en las llamas la muralla de Troya
145 alzada por las manos de Neptuno?
Ea, guerreros míos preferidos, ¿quién de vosotros
se presta a desgarrar la empalizada a hierro
y arremeter conmigo el campamento amedrentado?
No he menester contra los teucros de las armas forjadas
por Vulcano ni un millar de navíos. Bien, que todos los etruscos se apresuren
150 a aliarse con ellos. No teman a las sombras de la noche
ni a aquel cobarde robo del Paladio,
dando muerte a los guardas del alcázar. No vamos a enterrarnos en la sima
del vientre de un caballo. A plena luz del día, a la vista de todos,
estoy resuelto a rodear de fuego sus muros. Voy a hacer