Eneida
Eneida si hay lugar donde vale la justicia y vale la conciencia del deber!
605 ¡Qué venturosa edad te nos ha dado! ¡Qué padres tan gloriosos
engendraron tal hija! Mientras corran los ríos a la mar, mientras las sombras
giren por las laderas de los montes y el cielo siga apacentando estrellas
perdurará el honor que te debo; tu nombre y tu alabanza
allá donde me llame mi destino».
610 Dice y tiende la diestra a su amigo Ilioneo, y la izquierda a Seresto,
y luego a los demás, al valeroso Gías y al valeroso Cloanto.
Quedó pasmada la sidonia Dido al punto en que vio al héroe
y después cuando escuchó su terrible infortunio. Y le contesta así:
615 «¿Qué hado va persiguiéndote entre tantos peligros a ti, hijo de la diosa?
¿Qué violento poder te arroja a estas riberas despiadadas? ¿Eres tú aquel Eneas
que dio al dardanio Anquises Venus, la transmisora de la vida,
allá a la orilla del Simunte de Frigia? Por cierto,