Eneida
Eneida a los hijos de Atreo ni a Ulises, urdidor de falacias.
Raza de dura estirpe, comenzamos llevando nuestros hijos al río apenas nacen
a que los curta su corriente helada.
605 De niños velan ya atentos a la caza y no dan punto de reposo al bosque.
Su juego es domar potros y tensar en el arco las saetas.
De mozos sufridores de trabajos, acostumbrados a pasar con poco
o domeñan la tierra con rastrillos o cuartean baluartes de ciudades en la guerra.
Desgasta toda nuestra vida el hierro y con el mismo cuento de la lanza
610 aguijamos el flanco a los novillos. La indolente vejez no amengua el brío
de nuestro ánimo ni altera nuestras fuerzas.
Encajamos el yelmo en nuestras canas y siempre nos alegra
volver con nuevas presas y vivir del botín.
Vosotros os vestís de bordado azafrán y de brillante púrpura.
615 Hace vuestras delicias la indolencia. Os agrada entregaros a la danza.
Alargáis vuestras túnicas con mangas[324], ornáis vuestros turbantes con cintillos.