Eneida
Eneida Así era cómo Juno defendía su causa. Todos los moradores de los cielos
murmuran entre dientes asintiendo con una u otra diosa, igual que cuando surge
el primer soplo de tempestad, cautivo murmujea en la arboleda y va rodando
su murmullo sordo que anuncia temporal inminente a los marinos.
100 Comienza a hablar entonces el padre omnipotente,
el de poder supremo sobre el mundo,
y a su voz enmudece la alta sede donde moran los dioses, tiembla la tierra
desde su misma base y la altura del aire se serena
y detienen los céfiros su vuelo
y abate apaciguado el mar sus ondas.
«Recoged y fijad estas palabras mías en vuestro ánimo.
105 Ya que no es dado concertar alianza entre ausonios y teucros
ni que vuestra discordia tenga fin, pues bien, sea cual fuere la fortuna
que hoy asiste a cada cual o la esperanza que cada cual persigue,
el troyano y el rútulo, tanto da, para mí serán iguales, lo mismo si el asedio