Eneida
Eneida del campamento teucro obedece a designio de los hados de Italia
110 que si se debe a algún funesto error troyano o a un oráculo enemigo.
Y no absuelvo a los rútulos. Sus propias obras depararán a cada cual
su infortunio o su triunfo. Júpiter es un rey igual para con todos.
Se abrirán los hados su camino[343]».
E inclina la cabeza y da su asentimiento por las corrientes de su hermano estigio,
por los regolfos de hirviente pez y negros remolinos. Y con sólo mover su testa
115 hace temblar todo el Olimpo. Así termina la asamblea.
Júpiter se alza de su trono de oro
y los dioses del cielo le rodean y van acompañando hasta la puerta.
Entretanto los rútulos, por todas las entradas en tomo al campamento,
porfían en sembrar de cadáveres el suelo y en rodear de llamas el recinto.
Enfrente están las huestes de los hombres de Eneas. Continúan cercados
120 dentro del valladar sin esperanza alguna ya de huida. Desdichados,