Eneida
Eneida la violencia de Turno. Le previene qué fe cabe poner en las cosas humanas
y mezcla las razones con las súplicas. Sin demora Tarcón une a él sus tropas
y concierta alianza. El pueblo lidio entonces, libre ya del agobio de los hados,
155 se embarca en cumplimiento de la orden de los dioses y se confía al mando
de un caudillo extranjero[346].
Va la nave de Eneas con el tiro de sus leones frigios
al pie de su espolón. Encima se alza el Ida[347],
grato como ninguno al alma de los teucros desterrados.
Está sentado allí el egregio Eneas
y da vueltas y vueltas consigo mismo al giro de azares de la guerra.
160 Y Palante a su izquierda, pegado a su costado, unas veces le pregunta
cuáles son las estrellas que guían su curso entre las sombras de la noche,
otras cuánto ha sufrido en tierra y mar[348].
¡Diosas!, abridme ahora el Helicón[349], inspiradme vuestro hálito
para cantar qué tropas acompañan a Eneas en esta travesía desde la costa etrusca,