Eneida
Eneida Es Pisa quien los puso bajo su mando, Pisa ciudad alfea por su origen[351],
180 etrusca por su suelo. Viene tras ellos Ástir, de admirable belleza,
Ástir, el que confía en su corcel y en el juego de visos de sus armas.
Trescientos le acompañan. Les mueve un solo afán, el de seguirle.
Son los que tienen su morada en Cere[352], los que pueblan los llanos de Minión,
los de la antigua Pirgos y la insana Gravisca. No podría dejar
185 de nombrarte a ti, Cíniro, caudillo de los lígures, el más bravo en la guerra,
ni a ti el de parva hueste, Cupavón.
Surgen plumas de cisne del crestón de tu almete
—culpa tuya es, Amor, y de los tuyos—
y emblema de la metamorfosis de tu padre.
Porque es fama que Cieno[353] en duelo por su amado Faetonte,
en tanto que a la sombra de sus hermanos,
190 los frondosos álamos, aliviaba su triste amor cantando,
vio trocarse el gris de su cabello en blandas plumas y abandonó la tierra
y por el cielo cantando perseguía las estrellas.