Eneida
Eneida Pujan unos de un lado, otros del otro por rechazar al enemigo.
355 Se combate en el mismo linde ausonio.
Como vientos guerreros traban combate por el ancho cielo
con encono y con fuerzas parejas. No cejan uno ni otro ni las nubes ni el mar.
La lucha está indecisa largo tiempo; todos se embisten con empeño tenaz.
360 No de otro modo chocan troyanos y latinos,
pegado pie con pie, trabado hombre con hombre.
En otra parte en cambio, allí donde un torrente había hecho rodar
y dejado esparcidas grandes piedras
y breñas descuajadas de la orilla, los jinetes arcadios,
no avezados a combatir a pie,
—la aspereza del terreno les movió a dejar sueltos los caballos—
huían perseguidos por las tropas latinas.
365 Cuando los ve Palante, echa mano del único recurso
que le queda en aquel trance, avivar su valor
o con súplicas o con duros reproches:
«Camaradas, ¿a dónde huís? Por quien sois os lo pido,