Eneida
Eneida allá donde la espina dorsal separa las costillas en dos partes.
Palante arranca el arma clavada entre los huesos.
No consigue caer sobre él Hisbón como esperaba, por sorpresa,
pues al cargar contra él, incauto,
enfurecido ante la horrible muerte de su amigo,
385 ya le aguarda Palante y le entierra la espada en el henchido pulmón de ira.
Arremete contra Estenio después y contra Anquémolo,
el de la antigua estirpe de Reto,
aquel que se atrevió a incestar el tálamo de su misma madrastra.
También vosotros dos, Larides y Timbro, los mellizos de Dauco,
390 caísteis en los campos de los rútulos. No hubo dos más iguales.
Os confundían vuestros mismos padres y su perplejidad les daba gozo[358].
Pero Palante sí que os diferencia. Y bien cruel por cierto,
que a ti. Timbro, la espada de Evandro te cercena la cabeza,
395 a ti, Larides, la diestra, que separa de un tajo, continúa buscándote,