Eneida
Eneida Oyó el dios sus palabras. Mientras cubre a Himeón el malhadado Haleso
425 presenta el pecho inerme al arma arcadia.
Pero Lauso, parte importante de esta guerra,
no deja que sus tropas se amedrenten ante el enorme estrago de aquel héroe.
Comienza por matar al que primero se le enfrenta, a Abante,
firme nudo y baluarte en la batalla.
Y va tendiendo en tierra a los mozos arcadios
y abate a los etruscos y a vosotros, teucros, cuyos cuerpos
430 no mandaron los griegos a la muerte.
Se acosan ambos bandos, iguales en poder y en capitanes.
La retaguardia apelotona las primeras filas. Son tantos que no pueden
mover armas ni brazos. Por un lado Palante acosa y arremete,
por otro lado Lauso, en años casi iguales, uno y otro de galana belleza.
435 A los dos les tenía vedado la fortuna regresar a la tierra de sus padres.
No consiente el señor del alto Olimpo que luchen entre sí.
A uno y a otro le aguarda su destino, pero a manos de más alto rival.