Eneida
Eneida No son hombres que tengan el brazo vigoroso en el combate
610 ni el coraje capaz de plantar cara al enemigo.
Juno sumisa: «¿A qué, arrogante esposo,
das en turbarme el alma acongojada que teme tus palabras desabridas?
Si tuviera mi amor el valimiento que otro tiempo tenía y que es justo que tenga,
de seguro que no me negarías, tú que todo lo puedes,
615 la gracia de sacar a Turno del combate
y guardárselo a Dauno, su padre, sano y salvo. En fin, que ahora perezca
y pague con su sangre inocente a los troyanos. Y eso que es descendiente
de nuestra misma estirpe. Pilumno fue el abuelo de su abuelo
620 y su mano generosa ha colmado de ofrendas muchas veces tus altares».
Responde breve el soberano del eterno Olimpo: «Si pides que difiera
una muerte inmediata y solicitas un plazo a la caída de ese príncipe
y si comprendes que ésa es mi voluntad, llévate a Turno.
Haz que huya y así arráncalo