Eneida
Eneida 625 al destino que le apremia. Hasta ahà llega mi indulgencia.
Pero si bajo el velo de tus súplicas me ocultas el deseo de más altos favores,
si imaginas que voy a remover y alterar todo el curso de la guerra,
alimentas una esperanza huera». Juno insiste entre lágrimas:
«¿Y si tu corazón me concediera lo que tanto le cuesta otorgar a la lengua
630 y le quedara a Turno la vida asegurada?
Ahora sin merecerlo le aguarda un fin cruel
o no doy yo con la verdad. Pero ojalá me engañe por un falso temor
y cambies tu designio —lo puedes— y le des un fin mejor».
Dice y se lanza rauda por el cielo ceñida de una nube.
Lleva ante sà la tempestad. Se dirige a las lÃneas troyanas
635 y al campamento laurente. Allà con hueca niebla
forma la diosa un tenue fantasma inconsistente
a imagen del mismo Eneas —maravilla a la vista el prodigio—,