Eneida
Eneida al que entre sus pinares el Vésulo[364] amparó por largo tiempo
o dieron alimento los carrizos del pantano laurentino,
710 cuando se ve entre redes, se detiene,
gruñe feroz, eriza el lomo y no hay montero capaz de desahogar su rabia en él,
ni acercársele siquiera, todos le acosan de lejos,
a seguro con dardos y con gritos,
así también de aquellos que aborrecen con razón a Mezencio
715 ni uno tiene el valor de enfrentarse con él espada en mano;
le hostigan desde lejos
con venablos y gritos imponentes. Él impávido atiende a todas partes
rechinando los dientes y sacude las lanzas de su escudo.
De los antiguos lindes de Córito[365] había hasta allí venido Acrón, griego de origen,
720 a quien forzó el destino a dejar incumplido su himeneo.
Cuando lo ve Mezencio desde lejos sembrando estrago en medio de sus huestes,
radiante con las plumas bermejas de su airón y su capa de púrpura,