Eneida
Eneida Era ése el único camino que tenías para acabar conmigo.
880 Ni la muerte me aterra ni me impone ninguno de los dioses. Cesa, pues.
Vengo a morir, pero antes te traigo estos regalos». Dice y volteando el brazo
le dispara un venablo a su rival. Y le clava otro y otro volando en torno de él
en ancho círculo. Pero todo lo para el pomo de oro del broquel.
885 Tres veces cabalgó sobre la izquierda disparando venablos, girando alrededor
de su enemigo que le aguarda a pie firme. Y tres veces el héroe troyano
mueve en torno el imponente bosque de venablos
erizado en el bronce de su escudo.
Después desazonado de la larga espera, de arrancar tantos venablos,
890 y de verse acosado en combate desigual,
reflexionando mucho le arremete por fin
y dispara su lanza que se clava en el hueco de las sienes de su corcel guerrero.
Se alza el bruto de manos y azota con sus cascos las auras
y derriba al jinete y lo deja trabado
y con la paletilla dislocada se derrumba sobre él