Eneida
Eneida Todos enmudecieron y atentos mantenían el rostro fijo en él.
Entonces desde su alto diván el padre Eneas comenzó a hablar así:
«Imposible expresar con palabras, reina,
la dolorosa historia que me mandas reavivar:
cómo hundieron los dánaos[21] la opulencia de Troya y aquel reino desdichado,
5 la mayor desventura que llegué a contemplar
y en que tomé yo mismo parte considerable.
¿Qué mirmidón o dólope o soldado de Ulises, el del alma de piedra,
contando tales cosas lograría poner freno a sus lágrimas?
Además ya va la húmeda noche bajando con presura desde el cielo
y las estrellas que se van poniendo nos invitan al sueño.
10 Pero si tantas ansias sientes por conocer nuestras desgracias
y escuchar en contadas palabras la agonía de Troya,
por más que recordarlo me horroriza y rehúye su duelo,
empezaré: