Eneida
Eneida comienza asà a arengarles: «Lo más está logrado, compañeros.
Fuera todo temor por lo que resta.
15 Son ésos los despojos, las primicias de un engreÃdo rey.
Asà han puesto mis manos a Mezencio.
Ahora sólo nos queda ir contra el rey del Lacio
y su ciudad murada. Aprestad las armas con coraje.
¡Que adelante a la lucha la esperanza!
Y asà en el punto mismo en que los dioses
den señal de avanzar nuestras banderas,
20 y guiar nuestros hombres fuera del campamento,
no hayáis vacilación desprevenidos
ni el temor detenga la intención irresoluta.
En tanto demos tierra a los cuerpos insepultos de nuestros camaradas,
—única deferencia que en el hondo Aqueronte les alcanza—.
Id —añade—, rendid los honores supremos
a esas egregias almas que a costa de su sangre
25 nos ganaron la tierra de esta patria. Lo primero mandemos a Palante
a la ciudad apenada de Evandro. No le faltó el valor, pero un dÃa sombrÃo