Eneida
Eneida cuando me sonreía, negándote que vieras mi reino y que volvieras victorioso
45 a la casa de tu padre! No era ésa la promesa que hice a tu padre Evandro sobre ti
cuando a punto de partir estrechándome en sus brazos
me mandaba a ganar un gran imperio
y me advertía receloso que eran hombres aguerridos
y era fuerza luchar contra una dura raza.
Él en este momento aferrado a una esperanza vana
50 tal vez empeñe votos y cargue de presentes los altares
mientras nosotros afligidos rendimos inútiles honores
a un cuerpo inanimado que no debe ya nada a los dioses del cielo[370].
¡Desventurado de ti, que vas a presenciar el doloroso funeral de tu hijo!
Éste es nuestro regreso, éste el triunfo que estabas esperando.
55 Ésta es la plena seguridad que yo te había dado.
Pero al menos no vas a ver a tu hijo
huyendo con heridas afrentosas[371] ni serás el padre que demanda una muerte infamante