Eneida
Eneida Desfilan además carros de guerra empapados de sangre rútula.
Va detrás desjaezado Etón[372], el caballo guerrero de Palante.
90 Va llorando. Le corren por la cara gruesas gotas.
Otros portan la lanza y el morrión.
Lo demás quedó en poder de Turno, su vencedor.
Después sigue una fila desolada,
los troyanos y todos los tirrenos y los árcades,
éstos vueltas las armas hacia tierra.
Cuando habÃa avanzado toda la comitiva, Eneas se detiene
95 y exhalando un profundo gemido:
«¡A mà los mismos hados horrendos de la guerra
todavÃa me llaman a otras lágrimas! ¡Salve por siempre tú,
Palante, el más noble entre todos, por siempre adiós!»
Sin decir más, toma el camino de los altos muros
y tiende el paso al campamento.
100 HabÃan ya llegado embajadores de la ciudad latina