Eneida
Eneida duro el aprendizaje de una guerra a nuestras mismas puertas!
¡Ay, ofrendas y preces mÃas que no ha escuchado dios alguno!
¡Feliz tú, venerada esposa mÃa, pues te ha ahorrado la muerte este dolor!
160 Yo en cambio he superado viviendo mi destino
sólo para lograr sobrevivir a mi hijo.
Si hubiera sucumbido yo al empuje de los rútulos siguiendo las banderas
amigas de los teucros, serÃa yo el caÃdo y este cortejo fúnebre
devolverÃa entonces a casa mi cadáver, pero no el de Palante.
No os acuso a vosotros, troyanos, ni reniego del pacto ni de haberos acogido
165 uniendo nuestras diestras. Tal era la suerte que a mis cartas le estaba reservada.
Pero si a mi hijo le aguardaba una muerte prematura, consuelo me será
que ha caÃdo adentrando a los teucros en el Lacio
tras de abatir a innumerables volscos.
No, no podrÃa yo rendirte otros honores en tu muerte, Palante,
170 que los que te ha rendido el fiel Eneas, los jefes de los frigios,