Eneida
Eneida 185 Ya había el paternal Eneas, y ya había Tarcón, el rey etrusco,
erigido sus piras en la corva ribera.
A ellas va transportando sus muertos
cada cual conforme a la costumbre de sus padres.
Prenden debajo antorchas de fuego ennegrecido. Su velo envuelve en sombras
la bóveda del cielo. Ceñidos de sus armas radiantes dan tres vueltas a pie
girando raudos en torno de la hoguera y otras tres rodean a caballo
190 las llamas desoladas rompiendo en alaridos[374].
Rocían con su llanto tierra y armas.
Los gritos de los hombres y el clangor de las trompas llega al cielo.
Unos lanzan al fuego los despojos cobrados a los muertos latinos:
almetes, espadas guarnecidas y las bridas y las ruedas hirvientes en sus ejes.
195 Arrojan otros, como ofrendas, objetos favoritos de los muertos,
sus broqueles y dardos, que de nada sirvieron en sus manos[375].
En torno sacrifican a la Muerte gran número de bueyes corpulentos;