Eneida
Eneida Entre tanto es dentro de las casas, en la ciudad del opulento rey Latino,
donde son más intensos los clamores y más inacabables los lamentos.
215 Allà es donde las madres y las infortunadas nueras
y los amantes corazones de sus tristes hermanas
y los niños privados de sus padres
maldicen de la guerra cruel y la boda concertada con Turno.
«¡Que luche espada en mano —van gritando—, que lo decida a hierro
quien aspira a reinar en Italia, quien recaba para sà el primer honor!»
220 Drances insiste en esto sañudo,
y asegura que es Turno el único a quien llaman a combate,
que piden que se enfrente él solo con Eneas.
En contra de él se elevan muchas voces
favorables a Turno alegando diversos argumentos. Le ampara con su sombra
el prestigio del nombre de la reina. Le respalda la amplia fama
225 que le tienen ganada sus trofeos. Entre esta agitación,
en medio del hervor del alboroto