Eneida
Eneida de pronto para colmo vuelve de la potente ciudad de Diomedes[377]
la embajada, abatida, trayendo esta respuesta: «No hemos logrado nada
con todos los esfuerzos desplegados. No han servido
las dádivas ni el oro ni las súplicas tenaces. Fuerza es que los latinos
230 se procuren ayuda de otras armas o que pidan la paz al rey troyano».
El peso del dolor abate el ánimo del mismo rey Latino. El enojo de los dioses
y los túmulos recientes todavía que tienen a la vista, les advierten
que Eneas es llamado por los hados,
que le guía la voluntad patente de los dioses.
Así que el rey Latino con su poder supremo convoca el gran consejo,
235 los primates del pueblo, y los reúne bajo los altos pórticos.
Acuden a palacio todos a una. Irrumpen por las calles atestadas.
En medio toma asiento el de edad más venerable y el primero en el mando,
el rey Latino, con ceño poco alegre. Ordena a los legados que regresan