Eneida
Eneida 240 de la ciudad etolia que digan las noticias que le traen,
les pide que den cuenta cabal, punto por punto, de todas sus respuestas.
Quedan todas las lenguas en silencio.
Vénulo obedeciendo comienza a hablar así:
«Ciudadanos, hemos visto a Diomedes y el campamento argivo,
conseguimos dar cima a nuestro viaje superando su cúmulo de azares.
245 Logramos estrechar la mano cuyo empuje asoló la tierra dárdana.
Estaba alzando la ciudad de Argíripa,
llamada con el nombre del pueblo de sus padres
en los campos que conquistó del Gargano yapigio. Así que entramos
y se nos dio permiso para hablar en su presencia, le ofrecemos los dones,
le informamos de nuestro nombre y patria, de quién nos hace guerra,
250 de qué motivos nos llevaban a Arpi. Él, después de escucharnos, nos responde
con semblante apacible: «¡Afortunado pueblo en que reinó Saturno,
descendiente de la remota Ausonia!,
¿qué azares han venido a turbar vuestro sosiego